miércoles, 2 de noviembre de 2016

La obligada compañía del corredor en círculos. Los muertos

17 y 19 de octubre de 2016 Odio o Run like everybody is watching


Nunca he competido. Bueno, alguna vez de chaval —diluido casi de forma homeopática en un equipo de fútbol—, pero ya ni me acuerdo. He opositado, pero, como me daba exactamente igual aprobar, tampoco sentía la animadversión supuesta —y exigida carnívoramente— por mis rivales, a los que veía trasudar, colorados y ceceantes delante del tribunal. Por eso me sorprendo sintiendo auténtico odio e insultando entre dientes a una lejana señora de gran pandero y ofensivo chándal que trota muy despacio sin doblar las rodillas y a la que no consigo alcanzar. ¿Es esto el espíritu olímpico? Debo decir que ayer salí a divertirme y beber y lo único que no conseguí fue divertirme. Esta excusa forma parte del carácter o esencia del deporte; después de todo y como dicen los ajedrecistas: nunca nadie ha derrotado a un rival al que no le doliera la cabeza.









21 de octubre de 2016 Apetitos

Veinte veces. Desde que cerré la temporada de verano el día diecisiete de septiembre —En España agosto termina a principios del mes de octubre— he salido a dar brincos veinte veces. En treinta y un días, ¿qué he conseguido? Perder —muy poco— peso y volumen y, extraña, inopinada y desproporcionadamente, incrementar mi libido a ridículos niveles adolescentes. He estado a punto de preguntarle a mi mujer si me está echando algo en la comida. ¿A qué viene esto? Se supone que me embarco en tan narcisistas escaladas para proporcionarme serenidad, contento mineral y paz —también— metabólica; no picores priápicos que a nadie aprovechan ni benefician. Venga. Ya está bien. Soy un señor mayor.





23 de octubre de 2016 Gliptoteca

Rastro. Río. Solecito. Nubosidad variable. Me ha costado, pero creo que he conseguido joderme el tendón de Aquiles del pie izquierdo. Mis hormonas y emociones siguen bailando la conga. Ahora de vez en cuando siento una desoladora y afilada tristeza y hasta lloro como una plañidera siciliana mirando series —abundancia de mocos y todo con el San Junipero de Black Mirror—. Así que, dolorido, estimulado y triste he llegado a la conclusión de que debo estar embarazada.









1 de noviembre de 2016
Yo solito

Domingo falso. Gran silencio. Hoy es martes y Día de Todos los Santos, Samhain, Halloween o Los Muertos. Aprovecho esta semana de cuidados —mi tendón de Aquiles parece haber vuelto a su tensión original— y me emborracho dos días no consecutivos. Lo que parece estabilizar —algo— mi loca, loca testosterona. Eso no lo ponen nunca en los artículos sobre nutrición o gimnasias. Podría cubrir yo ese hueco. Podría cubrir todos los huecos.


Retrasan —aparte de todo lo demás— la hora. Ya se hacía de noche antes. Es lo natural. Pero ahora me da la impresión de que oscurece más rápido. Quiero decir a mayor velocidad. Inmediatamente. En pocos segundos. Como si girasen una llave. Aprovechan además para bajar la temperatura diez grados. Igual. De repente.
















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