sábado, 26 de marzo de 2016

La obligada compañía del corredor en círculos. Silencio

24 de marzo de 2016



Mi cuerpo se da cuenta de que lo estoy tratando como un templo y desconfía. Sabe que si construyo templos es para profanarlos. Y profanarlos mucho: descerrajando a caballo los cuarterones de las puertas de sus peinazos, con bueyes arrancando los retablos de sus sillares, pegando fuego a los tapices, orinando en el sagrario y saliendo después, impávido, con un candelabro de oro macizo debajo de cada brazo mientras hace eco en las bóvedas el mugido de las reses enloquecidas que, sobre los mármoles, se rompen el cuello resbalando en su propio estiércol.

Quizá se nota un poco que estoy hasta los cojones de la provincial y obtusa Semana Santa y sus arratonadas fanfarrias.





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