miércoles, 27 de enero de 2016

La obligada compañía del corredor en círculos. Nuncas serás Pla



19 de enero de 2016 Yo expío

A pesar de mis reticencias morales sobre el exclusivo objeto de estos textos cierta preocupación porque la barriga doble hacia dentro en vez de hacia fuera cuando me siento y de que los encuentre narcisistas y banales, cada poco vuelvo a la primera página de este prontuario. Hasta en las sensatas admoniciones: mi mujer, en cuanto me ve en mallas, me advierte muy seria sobre la angina de pecho. No es partidaria. Que no me precipite*. En total: me ruega que no me proporcione una a mí mismo con estas bobadas. Gracias, amor.

Tengo cuarenta y nueve años. Peso noventa y cuatro kilos. Mido uno ochenta. Este martes, después de no hacer ejercicio sistemático desde hace… casi dos meses etcétera, vuelvo al espejo. Lo de entrenar o quererse a uno mismo, estar en forma o sentirse bien es peligrosísimo. Afortunadamente, esta inercia criminal hacia la dicha se puede detener sin esfuerzo. Lo hago cada poco.



En efecto cumplí los cuarenta y nueve, se dio término —aunque sigue sin rematarse— a la cocina, pasé la Navidad —parte de ella, aunque nadie me creyó, enfermo—, hubo unas elecciones generales —en las que, según parece, no salió elegido nadie— y el día uno de enero a las once de la mañana estaba nadando. ¡Nadando! ¡El día de Año Nuevo! ¡Y luego me di un baño turco! Frené esta deriva o pendiente, como digo, de forma inmediata tomándome una gran cerveza con gaseosa. Hasta el día de hoy. Han sido dos meses de gran necedad y despilfarro. Vuelvo a la helada tiniebla de la ribera bernesguiana: no hay cambios. Sólo soy un poco más viejo, un poco más deforme, un poco más pobre, un poco más triste, un poco más cobarde. Como la ciudad.



*Supongo que habrá más esposas suplicando a sus maridos que se esperen un poco cuando les dicen que se van a correr. Véanles o no en leotardos. Sicalíptica gracieta que pongo para compensar lo del acto perlocativo que va después.






20 de enero de 2016 Niño del jueves o El visitante nocturno


“…España es el carro de heno de Brueghel/Bosco. Se ven algunos calaverones con guadaña, pero lo que hay es heno, mucho heno. Del heno vamos comiendo”.

Maradona. Columna en El País. Francisco Umbral.



"Me las puse y sentí que viajaba
que las chicas eran todas mis esclavas
me las puse y el dinero me sobraba
y el tiempo de mi vida no pasaba"

Mis gafas. Orquesta Mondragón







“No me bendiga al parejo que a mis cabras”

Simón el estilita. Luis Buñuel






“Monday's child is fair of face,

Tuesday's child is full of grace,

Wednesday's child is full of woe,

Thursday's child has far to go,

Friday's child is loving and giving,

Saturday's child works hard for a living,

But the child who is born on the Sabbath day

Is fair and wise and good in every way”.

Nursery rhyme. Traditional





"Lo que no se puede es andar poniendo citas a lo bobo".

Ensayos. Miguel de Montaigne





No hay nadie en casa cuando salgo a las siete y media de la tarde —noche cerrada, frío intenso—. No hay nadie, ni he hablado con nadie después, cuando vuelvo. Corro por el suelo helado en paralelo al río negro y brillante, sin sombra. La impresión es de que me estuvieran desplazando un enorme telón oscuro y yo estuviera quieto —tampoco es que me mueva muy deprisa—. La experiencia, recordada luego, resulta alucinada y onírica. Me recuerda a la película sueca El visitante nocturno (Papegojan, Laslo Benedek. 1971). Lo que me recuerda que todo me recuerda siempre a algo. Es tediosísimo. Sé que la lengua es un sistema de citas*, pero un sistema de citas sobre un sistema de citas resulta monótono. Y da sueño. Quizá debería hacer estas cosas por la mañana. Antes de la piscina. Y del baño turco. Juá.


*La apertura semántica intertextual que se produce en los ensayos con las citas es comparada por Arenas Cruz con la apertura sintáctica propia del género, y ambas tienen como fin una respuesta perlocutiva** “En el ensayo es muy interesante la evocación intertextual de carácter semántico que muchos fragmentos implican al constituirse muchas veces como ‘observaciones’ respecto a otro texto. Así, las citas, sentencias, pequeñas narraciones, fragmentos de pensamientos, ejemplos, etc., aunque no despliegan todas sus posibilidades explícitamente en el ensayo donde aparecen siguen trabajando subterráneamente en la mente del lector”. (María E. Arenas Cruz, Hacia una teoría general del ensayo. Construcción del texto ensayístico, p. 439)

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Según el filósofo británico J. L. Austin, al producir un acto de habla, se activan simultáneamente otros tres (actos): 

Un acto locutivo (el acto físico de emitir el enunciado, como decir, pronunciar, etc.). Este acto es, en sí mismo, una actividad compleja, que comprende, a su vez, tres tipos de actos diferentes: 

acto fónico: el acto de emitir ciertos sonidos; 
acto fático: el acto de emitir palabras en una secuencia gramatical estructurada; 
acto rético: el acto de emitir las secuencias gramaticales con un sentido determinado. 

Un acto ilocutivo o intención (la realización de una función comunicativa, como afirmar, preguntar, prometer, etc.) 

Un acto perlocutivo o efecto (la (re)acción que provoca dicha emisión en el interlocutor, como convencer, interesar, calmar, etc.)
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Cuando leo estas… cosas
siento un enorme alivio. A veces creo que soy más tonto que los demás. Pero, no. Joder —¡acto fónico y fático!—. Lo que soy es bastante menos pelmazo.









22 de enero de 2016
Un artista del hambre


Estoy harto de mí mismo. Corro yo solo y luego vuelvo a casa y comento lo que me parece esa solipsista experiencia. Preparo un libro. Un libro mío. Un libro de viñetas. Comentadas. Así que tengo que leer mis propias opiniones y escribir sobre ellas. Las encuentro obvias y tontorronas. Me dan ganas de insultarme. Me parece que no pinto, dibujo, diseño, digo o incluso galopo más que tonterías. No, no tengo la autoestima baja. Debo ser el único que la tiene calibrada. Ignoro cómo soportan los famosos hablar de sí mismos y sus monadas todos los días, todo el rato. No me extraña que se atiborren a productos. La alternativa sería darme a los demás. Miro lo que afirman o publican mis contemporáneos. Dios santo.





24 de enero de 2016
Los accidentes del verbo



Los domingos, por su condición de domingo, no permiten ni descansar ni hacer. Se les puede esquivar o asfixiar, esperando que la vida y los objetos vuelvan el lunes. Eso es todo.







26 de enero de 2016
Nunca serás Pla

No adelanto a nadie. No adelgazo. No corro más ni más tiempo. Ayer cené cuatro zanahorias. Y anteayer, dos. Me va a dar un ictus. Mañana la lío.