lunes, 16 de diciembre de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. El Señor llega


16 de diciembre de 2013



Decía William Faulkner que no le gustaba California en general y Hollywood en particular. No le gustaba el clima ni las personas ni cómo vivían. Afirmaba que nunca ocurría nada y que una mañana te levantabas y tenías sesenta y cinco años. ¿Podría decir yo lo mismo de León? Hombre, siempre sería el primero que lo comparara con Hollywood. Iba más bien porque he cerrado los ojos un momento y han pasado once días (y casi cincuenta años). Así que, temiéndome lo peor me voy al tenebroso Bernesga y hago mis treinta minutos largos y mis cinco kilómetros cortos. Bueno. Respecto a lo demás tampoco siento gran entusiasmo por la gente de aquí, su modo de vida, lo que ocurre o el clima (un poco extremo). Pero me ha pasado en otros sitios.







jueves, 5 de diciembre de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. El profesional



5 de diciembre de 2013

Parecen haber desaparecido los vagabundos. Espero que no hayan muerto congelados (la hoguera no era muy grande). Ya no huele a gasoil. Queda un frío poderoso, la lobreguez habitual (cuando llego a casa las luces del baño me deslumbran y me dan ganas de ducharme con gafas de sol) y… ¡niebla! Este meteoro hace lo que puede por refractar la escuálida sombra de las farolas (refracción es cualquier cambio en la dirección de una onda cuando cambia de medio) pero sin convicción. Refracción sin convicción. Juá, juá. Ya me está dando otra vez la chaladura por hipoxia de los alpinistas.

Debería (cuánto tiempo sin utilizar esta forma verbal; por lo menos veinte líneas) salir por las mañanas e ir al gimnasio. Soy socio de una sociedad atlética desde hace tres o cuatro décadas. Podría utilizar sus modernas e higiénicas instalaciones para oxigenarme y bufar y estirarme y encogerme. Así mis crónicas serían más luminosas. Y también podría reírme de otras personas. Porque ahora a las ocho de la tarde por las orillas del Bernesga no hay ni un alma. O igual sí, pero no las discierno.

Cada vez que hablo con alguien del tema de los trotamientos me siento como el cadete Beá de la última viñeta. No vuelvo a sacar el tema en la vida.
Esto está tomado (sin permiso) de Los profesionales del gran Carlos Giménez.








La obligada compañía del corredor en círculos. Smells Like Teen Victory


3 de diciembre de 2013


Después de celebrar fluidamente mi cumpleaños (tengo cuarenta y siete años, mido uno ochenta, peso noventa kilos…) vuelvo a las impenetrables tinieblas del Bernesga. La ausencia de piras sacrificales se compensa con un intenso olor a gasoil que podría simbolizar con su evocador poder sinestésico… no sé… Todo.




viernes, 29 de noviembre de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Las luces del norte


28 de noviembre de 2013

Hoy no veo alegres fogatas post-apolípticas. Tampoco veo gran cosa más. De hecho según estoy llegando al Puente de los Leones (a las ocho de la tarde) SE APAGA una de las tres o cuatro bombillas que alumbran mi recorrido.
Según parece el Excmo. Ayto. de León está encendiendo farolas durante el día (en serio) para probar el parque eléctrico (o como quiera que se llame). Algunas personas bienintencionadas se quejan. Les digo que sugieran que, quizá, realicen sus ensayos de noche. Pero nunca, nunca, nunca les propongan apagar nada.












 

martes, 26 de noviembre de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. A lo loco


25 de noviembre de 2013



Leo sobre el deporte y los deportistas. Y sobre las burlas al deporte y a los deportistas. Los que hablan de deporte suelen ser deportistas ellos mismos y los que se burlan, pues no. Estos últimos dicen que los deportistas son chiquitines y parecen croissants. Je, je.
Mas no. Yo no me río de nada y no pertenezco ni a un un bando ni al otro. Lo comprendo todo y comprenderlo todo es perdonarlo todo. Amo al mundo y el mundo me ama a mí. Eso es.







domingo, 24 de noviembre de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Po-po popped Dookie down by the vacants*



24 de noviembre de 2013



Domingo por la tarde. Mucho frío, calles vacías y oscuridad total. En algunos momentos en la orilla del río siento la tentación de poner las manos delante mientras corro, como una especie de monstruo de Frankenstein trotante, para ir palpando. Hoy incluso hay (era inevitable) personas alrededor de una hoguera. Probablemente asando una rata. Creo que los próximos días me bajaré una antorcha, un poco de papel de plata y el baldeo. Yo, creo que lo he dicho más veces, lo que no quiero es llamar la atención.

* La pasma se cargó a Dookie en las casas abandonadas. La frase es una especie de destilación cómica del habla de los negros en los guetos de Baltimore que usan en The Wire. La utilizan en otra serie, la hilarante Thirty Rock, cuando les acusan de contratar sólo blancos.


lunes, 18 de noviembre de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Orden de extrañamiento



14 de noviembre de 2013

Ni corro con los demás en hato ni acudo a lugares de personas donde se dicen versos unos a otros. ¿Echo de menos estas gregarias actividades? Pues no lo sé. Supongo que no. Podría adherirme a estos grupos sin problemas; ambos parecen ávidos de gente que haga bulto y les mire.

Últimamente (lo que llaman) La Cultura me da diabetes. De todas formas se celebran dos salvíficos centenarios: el de la escritura de En busca del tiempo perdido y el de Albert Camus (que cumpliría cien años). Sobre Proust leo seguido a dos intelectuales diferentes en la portada digital del periódico más vendido de España. Ponen: “El laberinto de la memoria” y “La vida se hace novela”. Soy más del pomelo de James Cagney que de la magdalena de Proust pero sé una cosa: él no lo haría.

Lo de Camus (me) resulta curioso porque escribí tres o cuatro días antes de los (discretísimos) homenajes una entrada sobre su Sísifo (la del día cinco, está un poco más arriba; más abajo en este caso) sin saber que se avecinaban estos fastos. Para acabar de hacer el tonto me disfracé del gran hombre. Aunque, ahora que lo veo, me debería haber girado ciento ochenta grados porque la luz está al revés. Pero es la única diferencia entre Camus y yo. La única. Sí.







Compárenme con Camus. Venga.









martes, 12 de noviembre de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Día del Señor y de otro señor



10 y 12 de noviembre de 2013


Creo que no soy de los que más tiempo gastan en preliminares y post coitos con esto del deporte y puede ser que esté perdiéndome lo mejor.
En ocasiones, sobre todo los días festivos, veo gente que extrae de esta ambulante actividad todas sus posibilidades y contempla todas sus facetas. Que exprime (y liba con entusiasmo en) el jugoso racimo de la vida. Imaginemos las complicadísimas intendencias de gran costumbrismo protagonizadas por un cuarentón español normal un domingo: se levanta temprano, se viste de ciclo/runner/fondo/turista, coge el coche, coge al niño, coge las bicicletas, baja al garaje, se va al quinto pino, anda un rato, trota, se oxigena, se para once veces, estorba, charla con otros equipadísimos individuos en medio de los caminos, toquetea y habla con (y desde) su dispositivo móvil, bebe una bebida isotónica, le toca las narices al niño, vuelve al coche, vuelve al garaje, se ducha, se hidrata, se cambia y se va a misa de una (también incluyo la misa como falsa gimnasia). En todas estas operaciones… ¡ha tumbado la mañana entera! No es mi caso. Corro poco, de acuerdo. Pero mis transiciones de persona normal a sudoroso tarugo (y a la viceversa) son brevísimas. Trato también de exprimir el jugoso racimo de la vida. Pero el jugoso racimo de la vida rápidamente me mancha la ropa o me salpica a los ojos.









La obligada compañía del corredor en círculos. Las capitulaciones



9 de noviembre de 2013

Seis y media de la tarde de un sábado de noviembre en León. Noche cerrada. Me meto sin ninguna gana en mi gastada indumentaria de carreras. Piso la calle. En cuanto doy dos zancadas gruesas gotas de agua empiezan a oscurecer el cemento de la acera. Creo captar el mensaje. Subo y me pongo la ropa que me acababa de quitar. Bajo otra vez. Camino hasta el supermercado bajo la lluvia. Compro alcohol, cacahuetes y chocolate. Vuelvo a casa.



No es el mejor relato corto de la historia de la literatura, pero su belleza reside en su cruda y despojada sinceridad. Juá.








miércoles, 6 de noviembre de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Los lunes al sóleo



5 de noviembre de 2013


Todavía no había salido Sísifo por aquí. Me extraña. Aunque sus afanes sean más lineales que circulares viene muy al caso. Albert Camus, autor de quien es muy difícil leer bobadas, tiene una colección de escritos titulados con su nombre (con el nombre del rey de Corinto, no con el suyo propio, que también) en el que incluye un célebre capítulo hablando del suicidio.

Alargar, extender, prolongar, ampliar. Ah. Engrandecer, decíamos ayer. ¿Acaso hacemos otra cosa desde que nacemos? Evitando quitarnos de en medio, ¿no estamos dilatando la irrisoria (son sus palabras) costumbre de vivir? ¿Qué nos puede quitar las ganas de continuar con esta actividad? ¿En qué momento de lucidez vemos tan natural la vida como su ausencia? En cierto punto, cualquier cosa puede bastar para precipitar todos los rencores y todos los cansancios todavía en suspenso. Mientras tanto, pues cumplimos el castigo asignado por razones que se nos ocultan (hay muchas teorías sobre por qué se le sanciona, y no es la más repetida que a Sísifo se le impone su infinita e irónica tarea precisamente por su empeño en vivir).


Esta breve inquisición es porque estuve mirando (poco material tan tedioso como la literatura médico/deportiva) si conviene estirar o no los sóleos y los tendones y los glúteos y tal antes o después de correr. Unos dicen que sí: que antes y después. Otros que después; y otros que nunca o que da exactamente igual. Pues como todo. Y de ahí, a Sísifo y a lo demás. Sobre lo de correr: estoy subiendo la piedra media hora sin excesivo sufrimiento.












sábado, 2 de noviembre de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Magníficat



1 de noviembre de 2013


Pensando en la tarea de pedirse cosas, creo comprender mi animadversión hacia el gordo renegado del que hablaba en la anterior entrada. No se puede ser arrogante cuando uno busca lo pequeño, lo finito (perdón por el  juego de palabras). Uno puede ser monumental o desmesurado buscando la grandeza. Pero ¿perdiéndola? Es una súplica mezquina. Aunque, de hecho, toda plegaria lo es. La única oración que reviste cierta dignidad es el Magnificat. Por lo noble de su título, por estar musicado por Bach y porque María pide engrandecer su alma (Lucas 1:46-55). No pide que su alma sea estrecha o convexa y musculada. Pide que sea grande.

De todas formas los rezos me parecen la forma más baja de comunicación (?) humana, inferior incluso al lenguaje sin articulaciones de los concursos sociológicos televisivos. Sólo puedo imaginar a un dios que preste atención a las contradictorias imploraciones de la gente con la forma de un atolondrado imbécil.







miércoles, 30 de octubre de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. El hombre que confundió a su mujer con una báscula



30 de octubre de 2013

Me veo asaltado a menudo en la televisión o en la red por petulantes exobesos que han bajado de peso media tonelada y gritan (o lo parece) frases absurdas tanto sobre sus supuestas humillaciones cuando vivían en el mundo de los gordinflas como eslóganes que suenan a chúpate ésa cuando se van a habitar el narcisista universo de los musculines. Oigo su miscelánea venganza contra ellos mismos: “nadie creía que fuera capaz de no zamparme todos los días seis tartas”, “me escupían en la calle por mi grasiento aspecto”, “mi madre se cambió de apellido porque le daba asco”, “ahora me río de los tirillas”, “corro un maratón antes de levantarme y otro en vez de merendar”, “no como más que polvo y tendones de pollo”, “mis hijos y mi mujer tratan de seguirme pero no tienen media hostia”…

Francamente, creo que su problema no era el sobrepeso.








lunes, 28 de octubre de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Billie Jean



27 de octubre de 201

Cambio de hora (?) Noche cerrada a media tarde. Oscuridad total en el Bernesga hasta el Puente de los Leones. Algo de luz en el paseo de la Condesa. Creo que ya sólo ponen luces en las calles en las que viven los prebostes. Es más: creo que cuando se echan a dormir, vuelven a apagarlas. Como en el Billie Jean de Michael Jackson.
Ochenta y nueve kilos. Mmmm… ¿Cuánto peso he bajado? ¿Dos o tres kilos? ¿En un mes? La verdad es que estoy harto. Podría hacerme profesor de gimnasia. Y no correr nunca más.



miércoles, 23 de octubre de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Farewell To Arms (Adiós a los brazos)



23 de octubre de 2013


Probablemente la última jornada que salgo en camiseta. Se acortan y se cuajan los días; se alargan y se hacen tupidas las mangas. No pasa nada. Dentro de ocho meses este trozo de la enorme bola de hierro recubierta de escoria y bacterias en que vivo volverá a girar en mejor posición y un más favorable perihelio. Ya ha pasado otras veces.



Se acabó el verano. Se cierra la pequeña puerta en el muro que abre un jardín cerrado y encantado. Juá. Sí, mi dacha tiene logo. Lo hice yo.






La obligada compañía del corredor en círculos. La ley de Newton


22 de octubre de 2013




Los individuos de comportamiento compulsivo nos movemos en unos patrones de inercia muy poderosos. Trato siempre de empezar las entradas con frases cuchufletescas como la anterior para hacer enfadar a mi señora, que se las toma en serio. Lo que quiero decir es que a las personas más o menos obsesivas nos cuesta mucho empezar a hacer una cosa pero (o también) después nos cuesta mucho dejarla.
Llevaba corriendo más o menos a diario veinte días. Hoy he salido después de dos. Mal. Hay Champions. El sábado es el clásico… Me temo lo peor. Lo peor es que vuelva a cierta pauta con el procesamiento característico de la información y pierda coherencia en mi conducta repetitiva buscando una hiposensibilidad de retribución restringida. Que la vuelva a cagar con el sofá, los bares, la cerveza y los cacahuetes.
Si se me entiende todo…















domingo, 20 de octubre de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. El jovencillo emponzoñado de whisky



19 de octubre de 2013



A veces antes de editar el texto final los diseñadores gráficos utilizan unas líneas falsas que encajan como borrador para hacerse una idea del aspecto definitivo de la página. Una prueba para elegir las texturas, grosor y tamaño de los tipos, vaya. Estas líneas están sacadas de un escrito de Cicerón titulado Finnibus bonorum et malorum (Los límites de lo bueno y lo malo) del año 45 a.C. Los que estamos familiarizados con ellas las llamamos el lorem ipsum:


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La cosa sigue, claro. Pero se hace uno una idea. ¿A qué viene esta exégesis? No es para espantar definitivamente a mis nueve lectores (aunque probablemente lo consiga) sino porque su traducción (que ignoraba) es… tachán, tachán:


Tampoco hay nadie que ame, persiga y quiera alcanzar el dolor mismo porque sea dolor, sino porque a veces se dan las circunstancias de manera que, con esfuerzo y dolor se pueda obtener un gran placer. Un ejemplo cualquiera: ¿quién de nosotros acepta algún ejercicio físico fatigoso si no es para conseguir con él alguna ventaja?

Espectacular ¿verdad? Bueno. Para mí. Este párrafo ful, que tenía delante y llevo viendo y utilizando décadas, habla de lo que he venido arguyéndome casi dos años. Qué jodido el Marco Tulio. En efecto: todo, incluido el sacrificio autoinfligido, es vanidad e industria y afán.
Que esta sabia constatación se use de relleno resulta irónicamente inevitable.











jueves, 17 de octubre de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Los umbrales del cielo



17 de octubre de 2013



A veces me doy contra un (bochornoso) programa de la televisión local ampliamente patrocinado que se llama Correr es vivir. Disiento. Vivir es todo lo demás. Por lo menos en mi caso. El resto, lo que no es sofocarse ni sudar constituye lo agradable. Hoy salgo por la mañana. Temperatura perfecta. Gris luminoso. Orillas del Bernesga despejadas y espaciosas… ¿Qué no parece fenomenal después? Me pregunto si no me he muerto y no me encuentro ya en el edén de los tontos (no en el limbo; no es necesario: el cielo normal ya resulta bastante estúpido). Sin dolor, sin apetitos ni ambiciones. Sin recompensas. Me viene a la cabeza la absurda historia de la escalera de Jacob (Gn 28, 19-20). Jacob, cuando va recorriendo por motivos que no vienen al caso los solares de Cisjordania, recuesta la cabeza sobre una piedra, (?) se duerme (?!) y sueña con una escala por la que suben y bajan sin ton ni son unos angelitos. Un paraíso bobo. Habitado por gente como yo. Saco mucho el Genésis. Cualquiera diría que estoy leyendo la Biblia y no paso del principio. No es verdad. Pero lo parece.








La obligada compañía del corredor en círculos. Reconstituyente sintáctico


16 de octubre de 2013



Ah. Prosigo con mi huida intransitiva. Quiero decir que no corro a, ni hacia; ni desde. Corro sin objeto directo. La frase quedaría mejor si no la explicase pero, ahora que otra vez veo las noticias todo el rato, tengo la sensación de que mis semejantes me demandan con gran virulencia que aprenda a balbucear.

Sigo yendo demasiado deprisa y me canso enseguida. Soy incapaz de trotar muy despacito (también soy incapaz de ir más deprisa, claro). Quizá debería trabarme los pies, como las caballerías.











lunes, 14 de octubre de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Fin de ciclo



14 de octubre de 2013



Y quince. Quince días doblegando el hierro ya frío de la desidia y la carpanta. He hecho cosas… horribles: ayer cené dos zanahorias. Me peso. Noventa kilos. Hala. Tócate los cojones. Tengo cuarenta y seis años, peso noventa kilos, mido uno ochenta…



domingo, 13 de octubre de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Thursday's child



12 de octubre de 2013



He leído los apuntes más o menos diarios de personas que ejecutaron cosas excepcionales (Azaña, Kafka, Napoleón, Warhol…) y no parece desde luego que las estén llevando a cabo. Kafka cuenta que escribe cositas, Napoleón nunca está donde le apetece, Warhol se queja de que los demás son igual de tacaños que él, Azaña desconfía… Si el Jesucristo de los evangelios hubiese dictado un diario sobre sus actividades seguro que alguna entrada vendría a decir más o menos: Esta gente no se entera de nada. Ya contaba Borges que los soldados antes de la batalla (por decisiva que ésta fuese) hablan del barro o del sargento. Ana Frank no describió LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.

La pregunta es si la escritura, incluso la autobiográfica, se parece al autor. O si el autor se parece o debe parecerse a toda su época. Creo que no. Las sombras, por densas, bellas o enormes que sean, no son el objeto.

Anoto esto el 13 de octubre. Ayer corrí. Hoy no. Porque llueve. Como ven, el objeto (bulto en este caso) a veces ni siquiera arroja sombra alguna.









viernes, 11 de octubre de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer



10 de octubre de 2013

Hay una célebre fábula de Esopo donde se cuenta cómo, al volver a su pueblo, un especialmente enclenque viajero fanfarronea sobre pretendidas hazañas atléticas realizadas en otros sitios con testigos asimismo foráneos que darían fe de sus proezas. Se jacta de que en Rodas ganó a los mejores saltadores. Bien, le dicen sus paisanos, Hic Rhodus, hic salta*. Es decir: Imagina que esto es Rodas, salta aquí (y ahora).

La oración fue utilizada por Hegel para un juego de palabras: Hier ist die Rose, hier tanze (Aquí está la rosa, baila aquí) con Rhodus (Rodas) y Rhodon (rosa). La filosofía es, para él, la rosa en la cruz del presente. Alude a la idea de Lutero y su rosa (blanca, como en su símbolo con una cruz en este caso encima: la cruz en la rosa) de la conciliación entre inmanencia y trascendencia. Marx, inmanentista acérrimo hizo famosa la sentencia en el capítulo I de su Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte contraponiendo las revoluciones burguesas (la Francesa) a las proletarias y traduciendo curiosamente el Hic Rhodus, hic salta con la rosa luterano-hegeliana.

Corriendo me acuerdo a menudo de la frase y hoy he estado buscando su origen (creo que se nota) pero se me ha olvidado completamente para qué iba a utilizar la moraleja. ¿Para evitar chulearme de algo? ¿De qué narices me iba yo a chulear? Nada. Ni idea.



*δο όδος, δο και πήδημα en su original griego.

Nota: El título de esta entrada no es mío. Es el de un largo reportaje para la revista Harper’s Bazaar donde el escritor estadounidense David Foster Wallace (nombre literario donde los haya) narra un crucero por el Caribe mientras se burla de los viajeros y del propio viaje. Se suicidó a los cuarenta y seis años. Mi edad.















miércoles, 9 de octubre de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. El alma contra Los Tres Supermen en Tokio


8 de octubre de 2013

Salgo. Corro. Vuelvo a casa. Me ducho. Ayer me hice una ampolla con unos zapatos y hoy me levanto la piel con las zapatillas. Duele. Le pongo Betadine. Y una tirita. Mi editor dice que no me saca en su web porque no soy emocionante. Mi mujer dice que escriba de otra cosa porque lo de correr es aburrido. El subdirector del periódico me dice que soy reiterativo y que no aporto… Me parece a mí que hoy todo el mundo está más gracioso que la hostia.











lunes, 7 de octubre de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Octubre, octubre



2 de octubre de 2013 El camino del camello

Todavía no noto nada. Aunque NO he corrido la mitad de ayer (lo que serían cinco minutos). He corrido EL DOBLE (veinte). Debo mantenerme en estas magnitudes. Porque se me da mal hacer operaciones con números impares.





3 de octubre de 2013 Dame veneno


Iré apuntando mis progresos. Corro lo mismo que ayer. Así que acabo enseguida: ninguno.





4 de octubre de 2013 Alma en suplicio


Quinto día de rutina olímpica. Cierta novedad: ahora en casa a las siete de la tarde rompo a sudar por algún condicionamiento pavloviano. Así que me pongo los leotardos y me voy al río. Luz lavada de lluvia bruta y nubes enormes. Oh, qué hermoso. Lástima que ande uno a carreras.






6 de octubre de 2013 Bella sin alma


“El séptimo día Dios había terminado la obra que hizo, y reposó en el séptimo día de toda la obra que había hecho”.
Gn 2:2

Séptimo día. Domingo. Queda muy bien la cita del Génesis, pero no reposo. Reposé ayer. Porque fui al pueblo. Y porque había fútbol. Hoy corro lo mínimo. Solecito. Me cuesta llegar al río porque hay muchos puestos en el rastro. Sigue sin pasarme nada. Quizá podría intercalar recuerdos de juventud. Lo malo es que no me acuerdo de gran cosa. O poner fotos de mi metamorfosis. Pero como no experimento ninguna pues sería un poco bobada.

Lo siento, señores.

7 de octubre de 2013 La venganza del alma

Continúo con mi experimento de doctor chiflado. Todo doctor chiflado experimenta consigo mismo, claro. Octavo día de renuncia y séptimo de carrerinas. La televisión (yo veo mucho la televisión) me ofrece mensajes contradictorios. Hay varias cosas que ponen a todas horas: reportajes sobre gordos y sus agonías (que ya he superado) o programas de cocina y sus delicias (que no pruebo). Con sus variantes de venta de aparatos para gordos anunciados por nervudos atletas que, evidentemente, no los usan; y de utensilios de cocina que, es curioso, tampoco ves jamás manejar a los cocineros citados. Mejor. Menos cosas que codiciar. En el caso del ejercicio tengo la convicción de que es una pelea que se entabla contra uno mismo y no es necesario adquirir nuevos enemigos. Hago brazos, eso sí, desplazando por casa diversas máquinas gimnásticas de mi mujer, que las tiene todas.
Hoy corro media hora sin mucho esfuerzo. Empiezo y termino con profesores chalados: el Dr. Frank N. Furter. “In just seven days…”









miércoles, 2 de octubre de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Rerum novarum



1 de octubre de 2013



Es difícil estar satisfecho en un entorno que aplaude, estimula y premia la insatisfacción. No conocemos otra realidad. Hemos cambiado la curiosidad por el deseo incesante. Me temo incluso que confundimos ambas cosas. En una sociedad civilizada naceríamos con todas las necesidades y hasta caprichos cubiertos y se nos alentaría a buscar la felicidad pretendiendo (y poseyendo) cada vez menos cosas (y personas). Se pondría como ejemplo al que no necesitara nada o muy poco. El hombre modélico sería quien ya no apeteciese de más bienes ni atenciones, el que fuera dichoso con lo que (no) atesorara. En nuestra cultura ocurre exactamente al revés: desde niños se nos dice que hay que ansiar (y obtener) objetos y haciendas y súbditos. Que es lo normal. Que la tranquilidad con lo que uno tiene o perseguir cada vez menos indica debilidad de carácter. Que estar de buen humor es lo que menos importa. Las conductas a imitar son las codiciosas y depredadoras (véanse los bichos que salen en periódicos, televisiones o libros de historia) a pesar de saberse que nada tienen que ver con la ventura; que la impiden de hecho. La ambición aquí y ahora es una virtud. No debería.

Leo que uno de los signos de hacerse uno adulto es que se tarda mucho más en perder peso. Cierto. Lo peor son estas primeras jornadas (siempre estoy en estas primeras jornadas), en las que no se ve ningún avance. Luego… ninguna mejoría parece suficiente. Lo que largué en el párrafo anterior.

Leo también que otro signo de hacerse mayor es la progresiva incapacidad de dormir toda la mañana de un domingo. Cuando bebes y te atiborras le pides prestado a tu cuerpo y al tiempo los placeres del día siguiente. En cambio cuando haces ejercicio y te portas de forma contrita y morigerada el equilibrio o el oxígeno futuro te está extendiendo un cheque. Tardas en cobrarlo. Cada vez más. En mi caso, por lo menos quince días.

Corro la mitad que ayer. Si persevero en estos paradójicos avances negativos igual logro retroceder en el tiempo y podré advertir a la gente del pasado de cómo algunas personas no tienen intención de cumplir sus promesas electorales.

Quizá debería contar más bien anécdotas. A la gente le gustan las anécdotas.








lunes, 30 de septiembre de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. De complementos predicativos



30 de septiembre de 2013


¿Qué separa a un despreocupado y noctámbulo juerguista de un resacoso imbécil? o ¿qué diferencia a un joven tarambana de un señor alcohólico de mediana edad?

El tiempo, por supuesto. Aunque también el dinero. Pero, sobre todo, el hábito. Y no me refiero a la ropa: toda esta gente que cito lleva chándal. Para mí un hábito (saludable) es ejecutar alguna actividad que no me guste nada (correr, comer sin grasas ni azúcares…) a diario. Una cosa desagradable que se lleve a cabo una vez al mes no es un hábito: es una menstruación.

Corro veinte debiluchos minutos y empiezo otro (creo que es el trigésimo octavo) periodo o ciclo depurativo. Empieza octubre. Los días se agachan. Es hora de recobrar otoñales rutinas. ¿Lograré mañana doblar mi marca de hoy? Véase la respuesta en la nota.*

*No.







lunes, 16 de septiembre de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Las personas del verbo



16 de septiembre de 2013

Leo en Las restricciones aspectuales de las construcciones pasivas perifrásticas de Armando Mora-Bustos:


“...la perfectividad se tipifica a partir de la flexión morfológica del verbo, esto es, el presente, el copretérito, el futuro, el pos-pretérito y el antepresente son tiempos imperfectivos que expresan un sentido de no acabado; mientras que el pretérito, el antecopretérito, antefuturo y el antepospretérito son tiempos que tienen un sentido de acabado o perfectivo”.

También afirma Álex Grijelmo:

“…podemos apreciar […] que los verbos incoativos reflejan el comienzo de una acción (“partiré mañana”), los durativos implican que la acción permanece una vez iniciada (“viene hacia acá”), los iterativos muestran una acción repetida (“martilleó durante una hora”), los semelfactivos* se reúnen como verbos de una sola acción (“encontré un anillo”), los desinentes muestran algo que solo ocurre una vez (“nací en febrero”) y los permanentes carecen de principio o final (“el oro brilla”).”

¿A qué viene esta exhibición de taxonomías francamente soporiferas? Pues a que trato de encajar mi yo corro en alguna de las categorías precedentes llegando a la conclusión de que mi cadencia de salidas es, en el mejor de los casos, imperfectiva; y su ejecución, iterativa, se torna a menudo en semelfactiva e incluso llega a ser desinente. Que debería correr con mayor frecuencia, vaya.

No llegué a los veinte minutos pero, en mi descargo, debo decir que salí muy nervioso. Parece que vuelvo a tener un trabajo (más o menos) remunerado. Mañana veré con mayor claridad su oportunidad o beneficio. Ahora mismo, en esta calurosa noche de septiembre coincido con lo que la Sally Brown de Charles Schulz (es la última cita, se lo juro) escribía en una redacción:

“Por el día uno ve por donde anda. Por la noche uno se acuesta y se preocupa”.



*semelfactivo (semel en latín: por una vez)




 

jueves, 12 de septiembre de 2013

La obligada compañia del corredor en círculos. El indeseado efecto lupa


12 de septiembre de 2013

Hoy en la ciudad no sólo corro sino que hago recados mientras. Como un nuevo chasqui transporto información y materiales río arriba y abajo y hablo con las personas por las aceras. Como un chasqui o como las personas de los pueblos que andan en bicicleta muy lentamente.



domingo, 8 de septiembre de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. Full Metal Wanker



7 de septiembre





Gunnery Sergeant Hartman:[ singing] Up in the morning to the rising sun!
Recruits: [singing] Up in the morning to the rising sun!
Gunnery Sergeant Hartman: [singing] Gotta run all day... till the running's done!
Recruits: [singing] Gotta run all day... till the running's done!*


Tampoco es eso. Ya hice bastante mili. Pero si un día corro un rato y otro estoy once horas bebiendo, no vamos a ningún sitio.


*”Me levanto por la mañana con el sol / corro todo el día hasta que se acaba el correr”. En inglés, como ven, rima.




jueves, 5 de septiembre de 2013

La obligada compañía del corredor en círculos. En casa



5 de septiembre de 2013


Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, decía Aristóteles, que era repetidamente excelente, no es un solo acto sino un hábito. Yo mismo he hecho cosas bien muchas veces, incluso a diario (aunque, desde luego, correr no es una de ellas).


El que intenta conseguir un gran logro de una sola vez
, afirmaba asimismo Samuel Johnson, lo más posible es que no consiga nada en absoluto.

¿Por qué reproduzco estas motivantes máximas? ¿Para convertir mis escritos en lucrativas pamplinas de autoayuda? Debería. Autoayuda. Qué término tan gracioso. Ya que me autohablo, me autoanimo. Además mi mujer se fue de viaje y me ha traído de regalo otros leotardos. Así que salgo a correr. Ya en León. Pues así siempre. Venga. Un pie detrás del otro, me autodigo. Durante quince minutos. El viaje más largo empieza por un solo paso. Ya. También el más corto.

Un libro de autoayuda normal escrito por el Anticristo (o por Ron Swanson) en persona. Pues no vendió nada. Se fue enfadadísimo.