jueves, 12 de mayo de 2016

La obligada compañía del corredor en círculos. Aires de fiesta

11 de mayo de 2016


La grasa —como casi todo— se compone de carbono, hidrógeno y oxígeno. El carbono se transforma en dióxido de carbono —también llamado anhídrido carbónico o CO2—. El hidrógeno, en agua; y el oxígeno, en CO2 y H2O.

El 84% de la grasa que se elimina del cuerpo es exhalada en forma de CO2.

El 16% de la grasa restante se elimina en forma de orina, heces, sudor, lágrimas (?) y otros fluidos corporales que no voy a especificar.

Y no, no vale soplar mucho o muchas veces seguidas para metabolizar esa grasa. Ni se elimina sudando. Lo que se elimina en una sauna —o cuando le hacen a uno un Expediente de Regulación de Empleo— es agua, que se repone bebiendo. Hay que conseguir alterar la grasa y luego, sencillamente, respirarla.


Me he esforzado estos cuarenta y un días extirpando de mi rutina el ejercicio, la comida sana y la vigilia, pero lo he conseguido: he rebajado mis marcas atléticas exactamente a la mitad. Así que hago la mitad de flexiones y corro la mitad de tiempo.


¿Se puede clasificar la literatura —o la filosofía— en obesa o enjuta? ¿Por qué no? De hecho, se puede hacer desde antes de El Quijote, que, como sus personajes, pertenece a ambas. No cabe duda que los dos Enrique IV, Las alegres comadres de Windsor o La conjura de los necios es verbo grasiento. Y no tendríamos problemas en clasificar Hamlet o todo Wittgenstein como escritura flaca. Esto de lo liviano como espiritual y lo gordo como terreno está, claro, muy sobado. Daudet con Tartarín de Tarascón pretendía componer un don Quijote entrado en carnes. ¿Es Goethe enteco o rollizo? Hoy, corriendo al lado del río enorme y marrón —se ha desbordado dos veces— y sobre la hierba fresca me elevaba en efecto.



















martes, 5 de abril de 2016

La obligada compañía del corredor en círculos. Aftermath

30 de marzo de 2016




Estoy muy desmotivado. Así que corro muy poco, muy poco tiempo y ni adelgazo ni nada. Al héroe de La conciencia de Zeno —Zeno Cosini— del que ya he hablado alguna vez, le costaba mucho dejar los líos de amantes y el tabaco. No es mi problema, desde luego; son dos temas que he superado —casi escribo fácilmente, Dios me perdone— hace años. Después de un pequeño revés económico —no puedo permitirme grandes reveses económicos— me dan ganas de comer como un arzobispo y beber como un antropófago y viceversa. No me siento orgulloso de decir que el dinero me cambia el humor de forma radical. De manera unívoca y definitiva: si tengo dinero, estoy contento y opero de modo más funcional; si no, no. Así de simple. Es una propiedad vulgar de mi naturaleza, ni vistosa ni recomendable. Así que, en efecto, hago las cosas por dinero. Es mi objetivo y recompensa. Ignoro quién fue el primero que dijo la simpleza de que escribía —o que pintaba o que había aprendido a atarse los cordones de los zapatos— para que lo quisieran. Yo corro o cavo o escribo o dibujo o pinto o reniego a cambio de —o esperando inútilmente— dinero. Luego, si lo obtengo, pues me quiero a mí mismo y me celebro. Cabría la posibilidad de que, al final del todo, en algún caso, yo quisiera a alguien y esperase similares afectos. Como el proceso es interrumpido cada poco en sus primeras fases, me veo incapaz de averiguarlo.
















domingo, 27 de marzo de 2016

La obligada compañía del corredor en círculos. Sexual Healing

26 de marzo de 2016

Sigo el romance conmigo mismo y hasta empiezo a mirarme con cara de imbécil y mis chistes me parecen graciosos, mis dibujos exquisitos y mis opiniones, pertinentes. De todas formas continúa la dialéctica entre ser muy bueno y poner las manos encima de la mesa y juntar curilmente las puntas de los dedines, como los médicos del Opus o los escritores sudamericanos o, por el contrario, coger tres cervezas y atiborrarme a fritos. Lo que haré en cuanto se reanude la Liga. O antes. O ahora.




sábado, 26 de marzo de 2016

La obligada compañía del corredor en círculos. Silencio

24 de marzo de 2016



Mi cuerpo se da cuenta de que lo estoy tratando como un templo y desconfía. Sabe que si construyo templos es para profanarlos. Y profanarlos mucho: descerrajando a caballo los cuarterones de las puertas de sus peinazos, con bueyes arrancando los retablos de sus sillares, pegando fuego a los tapices, orinando en el sagrario y saliendo después, impávido, con un candelabro de oro macizo debajo de cada brazo mientras hace eco en las bóvedas el mugido de las reses enloquecidas que, sobre los mármoles, se rompen el cuello resbalando en su propio estiércol.

Quizá se nota un poco que estoy hasta los cojones de la provincial y obtusa Semana Santa y sus arratonadas fanfarrias.







viernes, 25 de marzo de 2016

La obligada compañía del corredor en círculos. Un hombre ordenado

23 de marzo de 2016



Intento continuar con mi mejora personal y crecimiento físico y viceversa. Sin conseguirlo. Enorme luna llena que, sobre el yarmukle, kipá o medio platillo volante que han puesto encima de la plaza de toros hace parecer todo ello un fotograma de película francesa de ciencia ficción. Absolutamente nadie en la orilla del río. Oigo mis pisadas. Agua enorme en el río negro. Viento helado. Muy agradable. “Recordar es un acto creativo (…) Los recuerdos no son un relato apasionado o impasible de la realidad desaparecida; son el renacimiento del pasado, cuando el tiempo vuelve a suceder”, dice Svetlana Alexievitch. Totalmente de acuerdo. Todo lo que escribí arriba no deja de ser, más o menos, una trola. Y eso que lo mastiqué hace apenas una hora. El río llevaba agua y había luna llena. Y la gente está absorbida y apelmazada con gran estrépito en otro lugar de la ciudad por las putas procesiones. Eso es verdad. Lo demás es novela. También afirma la gran Svetlana que nos morimos “sobre la marcha”. No hay nada que no hagamos sobre la marcha aunque creamos lo contrario. Si pudiéramos detener el tiempo —objeto de estas carrerinas— para pensar y ejecutar nos pararíamos a los tres años y seguiríamos eternamente estirándonos el pito. Cito mucho a Svetlana, todavía asombrado de que le hayan dado el premio Nobel de Literatura —o un premio cualquiera— a una escritora excelente. Además, periodista; primera vez que ocurre y hecho sobre el que el resto de los periodistas del mundo han callado y siguen callando —incomprensiblemente— como zorras.









martes, 15 de marzo de 2016

La obligada compañía del corredor en círculos. La foto de carnet de Dorian Grey

15 de marzo de 2016

Aperitivo, del latín aperire —como abrir, abril…—. Siempre he considerado esta palabra la más bella del idioma español. Otros eligen amor o nefelibata o resiliencia. Yo, no. Aperitivo, luz de mi vida, fuego de mis entrañas, pecado mío, alma mía; la boca emprende un viaje de cinco pasos desde la cara de tonto de la ‘a’ hasta los morritos del ‘vo’. A. Pe. Ri. Ti. Vo.

El diálogo con el espejo de un adolescente o de un hombre de mediana edad —yo soy todos los hombres de mediana edad y soy de mediana edad porque ahora vivimos cien años, ¿qué pasa?— es muy similar. Básicamente un perplejo ‘cómo puedes hacerme esto a mí’. En el reflejo aparecen cosas indeseables, las proporciones no encajan… el individuo del cuarto de baño no es el despreocupado y joven atleta con el que convive uno el resto del día. Esta dismorfofobia —o, más bien, imaginofilia— puede llevarse con dignidad o desesperación. Según la paciencia de la que se disponga. Mes y medio de ponzoña, atiborración y empocilgamiento. Pero se acabó. Oh, sí. Hoy en el crepúsculo salgo a correr. Hay novedades: alguna fachada limpia, algún cemento reciente… En olores, los mismos: leña, gasolina y, curiosamente, marihuana más allá del Puente de los Leones. Siempre. Supongo que en los bares de juventud —como les decían mis ancestros a los de fumar porros— ahora habrá aromas de césped, mierda de perro y fango.










lunes, 1 de febrero de 2016

La obligada compañía del corredor en círculos. León en invierno

31 de enero de 2016 León en invierno




Cuando salgo a correr trato —además y al mismo tiempo—  de no comer ni beber. Es un triple desafío. Mi particular Ironman. Esta combinación de meneíllo con inmovilidad, de ritmillo sin ingesta intenta —sin conseguirlo— equipararse a la alta vibración permanente que explica (ejem, perdón) la física cuántica. Nada se está quieto. Aunque yo deba estarme quieto a veces y no ir al frigorífico. Ni al supermercado. Esto de ahora quieto, ahora corre más que a la teoría de cuerdas recuerda a las torturadas bestias de los circos.





1 de febrero de 2016 Illuminations o Is that all there is?



El dios de la mecánica universal me escucha y, el muy cachondo, me inmoviliza. Mal. Tengo que dejarlo a los siete minutos porque me duelen —mucho— las piernas. No lo entiendo. Es absolutamente imposible que sea sobreentrenamiento. Es como diagnosticar coma etílico a alguien que se haya tomado dos mostos. Empiezo a envidiar cuerpos, pero no el aspecto. El interior. Esponjosos y aterciopelados pulmones, bombeantes ventrículos, poderosos páncreas, afinados tiroides, tensos vasos y capilares, firmes y nervados ejes hipotalámico-hipofisario-adrenales…



En esta ciudad, ya lo he escrito más veces, de noche está muy oscuro. Las zonas de sombra crecen al ritmo de nuestra indigencia. Veo a algunos corredores con dispositivos luminosos, bien es cierto que más para ser vistos que para ver. Al primero que distingo —con una luz anaranjada dirigida a… ¡su propio rostro!— es al político Marcos Barazón, mano o uña derecha de la occisa Isabel Carrasco y alcalde por aclamación en su pueblo. Imputado por —a ver si me acuerdo de todo—: negociaciones prohibidas a funcionarios, prevaricación, cohecho, tráfico de influencias, fraude y revelación de secretos (?) Corre que se las pela. Como si tuviera un motorín. ¿De qué trata de escapar? ¿De la humana justicia? ¿De su turbio pasado? ¿De su incierto futuro? No sé. Trato de desentrañar la información o leer las señales que me dan estos ratos y no llego a ninguna conclusión. Quizá no la haya.
Hoy, también, los perros me ladran; lo que no me había ocurrido nunca.










miércoles, 27 de enero de 2016

La obligada compañía del corredor en círculos. Nuncas serás Pla



19 de enero de 2016 Yo expío

A pesar de mis reticencias morales sobre el exclusivo objeto de estos textos cierta preocupación porque la barriga doble hacia dentro en vez de hacia fuera cuando me siento y de que los encuentre narcisistas y banales, cada poco vuelvo a la primera página de este prontuario. Hasta en las sensatas admoniciones: mi mujer, en cuanto me ve en mallas, me advierte muy seria sobre la angina de pecho. No es partidaria. Que no me precipite*. En total: me ruega que no me proporcione una a mí mismo con estas bobadas. Gracias, amor.

Tengo cuarenta y nueve años. Peso noventa y cuatro kilos. Mido uno ochenta. Este martes, después de no hacer ejercicio sistemático desde hace… casi dos meses etcétera, vuelvo al espejo. Lo de entrenar o quererse a uno mismo, estar en forma o sentirse bien es peligrosísimo. Afortunadamente, esta inercia criminal hacia la dicha se puede detener sin esfuerzo. Lo hago cada poco.



En efecto cumplí los cuarenta y nueve, se dio término —aunque sigue sin rematarse— a la cocina, pasé la Navidad —parte de ella, aunque nadie me creyó, enfermo—, hubo unas elecciones generales —en las que, según parece, no salió elegido nadie— y el día uno de enero a las once de la mañana estaba nadando. ¡Nadando! ¡El día de Año Nuevo! ¡Y luego me di un baño turco! Frené esta deriva o pendiente, como digo, de forma inmediata tomándome una gran cerveza con gaseosa. Hasta el día de hoy. Han sido dos meses de gran necedad y despilfarro. Vuelvo a la helada tiniebla de la ribera bernesguiana: no hay cambios. Sólo soy un poco más viejo, un poco más deforme, un poco más pobre, un poco más triste, un poco más cobarde. Como la ciudad.



*Supongo que habrá más esposas suplicando a sus maridos que se esperen un poco cuando les dicen que se van a correr. Véanles o no en leotardos. Sicalíptica gracieta que pongo para compensar lo del acto perlocativo que va después.



Excelente fotografía (del gran José Ramón Vega). Pero ese tumefacto individuo que me mira no soy yo. Yo soy un joven pálido y delgado. Joder. Lo era ayer mismo. Eso sí, no tenía el tremendo recto superior que se ve en la imagen (es el bulto como de futbolista de la parte superior del muslo izquierdo).



20 de enero de 2016 Niño del jueves o El visitante nocturno



“…España es el carro de heno de Brueghel/Bosco. Se ven algunos calaverones con guadaña, pero lo que hay es heno, mucho heno. Del heno vamos comiendo”.

Maradona. Columna en El País. Francisco Umbral.



"Me las puse y sentí que viajaba
que las chicas eran todas mis esclavas
me las puse y el dinero me sobraba
y el tiempo de mi vida no pasaba"

Mis gafas. Orquesta Mondragón







“No me bendiga al parejo que a mis cabras”

Simón el estilita. Luis Buñuel






“Monday's child is fair of face,

Tuesday's child is full of grace,

Wednesday's child is full of woe,

Thursday's child has far to go,

Friday's child is loving and giving,

Saturday's child works hard for a living,

But the child who is born on the Sabbath day

Is fair and wise and good in every way”.

Nursery rhyme. Traditional





"Lo que no se puede es andar poniendo citas a lo bobo".

Ensayos. Miguel de Montaigne





No hay nadie en casa cuando salgo a las siete y media de la tarde —noche cerrada, frío intenso—. No hay nadie, ni he hablado con nadie después, cuando vuelvo. Corro por el suelo helado en paralelo al río negro y brillante, sin sombra. La impresión es de que me estuvieran desplazando un enorme telón oscuro y yo estuviera quieto —tampoco es que me mueva muy deprisa—. La experiencia, recordada luego, resulta alucinada y onírica. Me recuerda a la película sueca El visitante nocturno (Papegojan, Laslo Benedek. 1971). Lo que me recuerda que todo me recuerda siempre a algo. Es tediosísimo. Sé que la lengua es un sistema de citas*, pero un sistema de citas sobre un sistema de citas resulta monótono. Y da sueño. Quizá debería hacer estas cosas por la mañana. Antes de la piscina. Y del baño turco. Juá.


*La apertura semántica intertextual que se produce en los ensayos con las citas es comparada por Arenas Cruz con la apertura sintáctica propia del género, y ambas tienen como fin una respuesta perlocutiva** “En el ensayo es muy interesante la evocación intertextual de carácter semántico que muchos fragmentos implican al constituirse muchas veces como ‘observaciones’ respecto a otro texto. Así, las citas, sentencias, pequeñas narraciones, fragmentos de pensamientos, ejemplos, etc., aunque no despliegan todas sus posibilidades explícitamente en el ensayo donde aparecen siguen trabajando subterráneamente en la mente del lector”. (María E. Arenas Cruz, Hacia una teoría general del ensayo. Construcción del texto ensayístico, p. 439)

**
Según el filósofo británico J. L. Austin, al producir un acto de habla, se activan simultáneamente otros tres (actos): 

Un acto locutivo (el acto físico de emitir el enunciado, como decir, pronunciar, etc.). Este acto es, en sí mismo, una actividad compleja, que comprende, a su vez, tres tipos de actos diferentes: 

acto fónico: el acto de emitir ciertos sonidos; 
acto fático: el acto de emitir palabras en una secuencia gramatical estructurada; 
acto rético: el acto de emitir las secuencias gramaticales con un sentido determinado. 

Un acto ilocutivo o intención (la realización de una función comunicativa, como afirmar, preguntar, prometer, etc.) 

Un acto perlocutivo o efecto (la (re)acción que provoca dicha emisión en el interlocutor, como convencer, interesar, calmar, etc.)
 ***

***
Cuando leo estas… cosas
siento un enorme alivio. A veces creo que soy más tonto que los demás. Pero, no. Joder —¡acto fónico y fático!—. Lo que soy es bastante menos pelmazo.









22 de enero de 2016
Un artista del hambre


Estoy harto de mí mismo. Corro yo solo y luego vuelvo a casa y comento lo que me parece esa solipsista experiencia. Preparo un libro. Un libro mío. Un libro de viñetas. Comentadas. Así que tengo que leer mis propias opiniones y escribir sobre ellas. Las encuentro obvias y tontorronas. Me dan ganas de insultarme. Me parece que no pinto, dibujo, diseño, digo o incluso galopo más que tonterías. No, no tengo la autoestima baja. Debo ser el único que la tiene calibrada. Ignoro cómo soportan los famosos hablar de sí mismos y sus monadas todos los días, todo el rato. No me extraña que se atiborren a productos. La alternativa sería darme a los demás. Miro lo que afirman o publican mis contemporáneos. Dios santo.





24 de enero de 2016
Los accidentes del verbo



Los domingos, por su condición de domingo, no permiten ni descansar ni hacer. Se les puede esquivar o asfixiar, esperando que la vida y los objetos vuelvan el lunes. Eso es todo.







26 de enero de 2016
Nunca serás Pla

No adelanto a nadie. No adelgazo. No corro más ni más tiempo. Ayer cené cuatro zanahorias. Y anteayer, dos. Me va a dar un ictus. Mañana la lío.













martes, 24 de noviembre de 2015

La obligada compañia del corredor en círculos. Mountain Of My Misgiving

24 de noviembre de 2015



Thomas Mann no permitió que sus masivos diarios fueran publicados hasta veinte años después de su muerte. La expectación con que se revelaron se transformó en incredulidad primero y yo creo que en hilaridad con el tiempo. Resulta que el monumental señor anotaba y describía con menos precisión la convulsa Europa que se desangraba en dos guerras que sus descargas seminales o sus deposiciones. Para mí resulta perfectamente comprensible: una persona que se toma tan en serio a sí misma ve en su vida y actos —y deposiciones— no ya el reflejo sino la causa de todo. Tampoco podemos exigir perspectiva histórica a alguien resuelto a que algo tan banal como escribir se convierta una tarea mortalmente seria. Sobre todo si cree formar parte de la misma historia. La peana no suele sentir —ni se le pide— admiración por la estatua que sostiene. La idea de que los actos diminutos o cotidianos puedan ser admirables o monstruosos o que, sencillamente, no haya ninguna otra cosa, constituye toda literatura. Los viajes de Ulises terminan cuando ve a su perro y don Quijote se muere en su cama.


Me gustaría cincelar paisajes morales y extraer conclusiones heroicas de mis trotamientos, pero consigno que al final el lavavajillas no estaba estropeado, que yo no tenía ninguna caries y que he corrido —por fin y al tercer día— media hora. Los cabrones de Ikea, eso sí, siguen sin dar señales de vida.







La obligada compañía del corredor en círculos. A good man is hard to find

23 de noviembre de 2015 



Siguen sin acabar la obra y el lavavajillas, que ya teníamos y que se supone no hacía falta cambiar, se une a la fiesta e inunda la cocina. Perdemos cuatro cero en casa contra el Barça y mañana tengo hora en el dentista. Dentro de una semana es mi cumpleaños. Luego está lo del dinero. Mi dinero. Me pareció verlo dentro del bar, bronceado y delgadito, muerto de risa. Ni me saludó.

No sé qué pulsión impele a competir a la gente entre sí. Yo salgo a correr contra estas pequeñas puñetas, estos contratiempos enanos.






domingo, 22 de noviembre de 2015

La obligada compañía del corredor en círculos. De amore o Educatio principis

22 de noviembre de 2015

Cambio de cocina con gran jaleo de escombro e interminable cabalgata de fulanos negligentes o fantasmagóricos. Yo creo que esto de las obras es ya un género literario. Mantengo una relación con los operarios —fontaneros, técnicos, electricistas, albañiles…— que resulta en todo similar al amor cortés. Yo sería el caballero que, paseando nervioso por adarves y barbacanas, espera —y obtiene— desdenes y silencios del fementido montador —por ejemplo— que, con su desnuda cabeza puesta en otros amores y castillos me desprecia y se muestra inalcanzable. En estos requiebros se pasa el mes y por eso no he salido a dar brincos —o esa disculpa me pongo­—: Por las bellaquerías de tan degrasdecidos braços que aguardo quexoso y congoxoso. Luego querrán su galardón. Los hijos de puta.

Nota gimnástica: Corro muy poco, pero sudo. Lo que, a un grado bajo cero, no es poca cosa.

Nota consistorial: El Ayuntamiento de León ha cambiado levemente de uno estúpido a uno estúpido pero un poco más activo, lo que ya ha provocado más de una y más de dos tumoraciones urbanísticas. Como una rotonda del diámetro de una rueda de camión y la entrada a un aparcamiento más grande y alta que el aparcamiento mismo.


Nota fluvial: Al volver de mi recorrido norte-sur cambio de orilla y me veo obligado a dar la vuelta porque están torturando y propiciando otra angina al Bernesga que ya sólo tiene en parte de su recorrido por la capital una única —llamémosla así— manga. Si lo encogen un poco más lo pueden meter en una tubería. Véase nota consistorial.







domingo, 18 de octubre de 2015

La obligada compañía del corredor en círculos. El Buda de la rivera



18 de octubre de 2015

Me sale un discípulo. Iba a decir seguidor, pero no: seguidores no tengo. Soy yo el que va a la cola de todo el mundo. Hoy me dejan atrás a gran velocidad —o me lo parece a mí— cuatro jóvenes. Al menos iban en apretado silencio. Me fastidia cuando me adelantan mientras charlan despreocupadamente. Temo que un día lo hagan al tiempo que toman un café y leen el periódico.

Que me ha salido un próselito o catecúmeno, digo. Me pregunta cosas. Que qué tiene que hacer para empezar a correr. No hago chistes ni le disuado —como estaban imaginando—. Le coloco en cambio mi libro —compren mi libro— y le aconsejo las simplezas de estos casos. Ir despacio, lesionarse, comer poco y cenar más poco que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago… bueno, eso no es mío. Pero como no es una gran anécdota, necesitaba palabras más suculentas.

No hay gimnasia mala. Aunque a veces me pregunto si con estos meneos nos estamos proporcionando narcóticos o beneficios que deberían sernos más bien otorgados por los demás. No puedo dejar de pensar que esto de estar bien todo el rato o darle al cuerpo lo que pide es un acto de egoísmo. Una manera de decir: no os necesito, tengo este vehículo nuevo (como explicaba el majara de Mishima*) que me colma y acompaña.


*My body became to me like a fashionable sports car for its proud owner.









miércoles, 14 de octubre de 2015

La obligada compañía del corredor en círculos. Se cierra el círculo



7 de octubre de 2015



“I’m no yokel. I was all the way to Miami once”.

Lawrence Kasdan. Body Heat. 1981



Beber para hacer a la gente interesante, que decía Hemingway. O correr para no correr; lo que tiene la misma lógica que darse prisa para no tenerla.

Aparecen en estos días cerca de casa no una, sino dos mujeres muertas. Una en el punto exacto donde doy la vuelta para volver en el circuito de verano y otra todavía más cerca de mi portal. Contando a la occisa Isabel Carrasco véase entrada del 15 de mayo de 2013 ya van tres cadáveres bajo mis huellas. Conozco a la nueva comisaria que lleva estos casos. Los resuelve muy bien, como Jessica Fletcher o la señorita Marple, pero, al igual que ocurre con las detectives meticonas, la cosa empieza a parecer ya mucha coincidencia. Claro que también mi amistad con la jefa de policía y la proximidad de las fallecidas a mi domicilio me convierte, según la lógica de las películas, en el principal sospechoso.



14 de octubre de 2015



Es inevitable que la necedad de la política y sus ejecutantes empape a todo tiempo y arte, así que, alejado de literatura y plástica, leo las consejas sobre corredores cuarentones que salen en todas partes —en efecto, las dos cosas: consejas y cuarentones—. No entiendo cómo mi libro no es todavía obligatorio en los colegios. Me suelen dar la razón sobre zapatillas: —que se puede ir con las de casa—, ritmos, endorfinas, pulsaciones y vida eterna en general, pero difiero en su obstinación afirmando que: "correr media hora es un ejercicio suave" y, sobre todo, en que "no debe practicarse por estética". ¡Cómo se atreven! TODO debería hacerse por estética.








sábado, 3 de octubre de 2015

La obligada compañía del corredor en círculos. Avanzan enmascarados



2 de octubre de 2015

De repente tengo la impresión de que todo el mundo está preparando algo, que son más cautos y sensatos que yo. Que planifican, proyectan y recogen. Noto que una especie de nieve —simbólica— se licúa y riega los frutos de las personas mientras que la mía se acumula en el techo esperando hundirme la casa y apagarme el fuego. La gente se me asemeja a la hormiga del cuento: conforme, apercibida, adaptada. No digo que sean unas taimadas comadrejas, no. Sólo que me lo parecen.


Quizá se debe a que la temperatura baja, el aliento toma cuerpo, las sombras avanzan y, en la orilla del río, van —vamos— quedando los solitarios corredores de invierno. Los que hacen que parezca que estoy inmóvil o que corro hacia atrás, con enorme peso en los pies, como en los sueños.





martes, 29 de septiembre de 2015

La obligada compañía del corredor en círculos. Clockwise redemption



28 y 29 de septiembre de 2015




No sé por qué llamo a estos textos entradas si en realidad son salidas —jo, jo, jo—. Por lo que veo —veinticinco días sin correr nada— mis lapsos son cada vez más abiertos. Para compensar este verano vultuoso que se marcha despacito salgo dos días seguidos. El primero corro poco y el segundo —por puro coraje— un poco más. En estas dos jornadas he perdido dos kilos. Si continúo así dentro de un mes habré perdido treinta y pesaré sesenta. Lo que una modelo extremadamente obesa.

Cosas buenas y malas de correr y no comer ni beber:

Lo bueno:

· La ropa no sólo te entra sino que te sienta bien. Como no hay que comprar —nuevas— prendas de gordo, uno ahorra.
· Una mayor lucidez.
· Sensación de control.
· Se dispone de mucho más tiempo: los bares son jefes exigentes y las resacas, amantes insaciables.

Lo malo:

· Una mayor lucidez.


Nota médica. Me fui a graduar la vista. Me diagnostican unas gafas. Pregunto qué pasa si no las adquiero. Que vería peor que con ellas. Es cierto. Al correr percibo ahora mis objetivos todavía más lejanos. No las adquiero. Séptimo —u octavo, ya no me acuerdo— signo del carcamal: la vista nublada o fosca y la reluctancia a la ortopedia.


Me asombra el buen humor que muestro en estas entradas (o salidas). El ambiente de estupidez —local, cultural, nacional, político, territorial, literario, informativo, plástico y hasta locomotor y logístico— resulta ahora mismo sólido, vestido enteramente, ancho, navegable... y me afecta. Se pasará, supongo.

















martes, 25 de agosto de 2015

La obligada compañía del corredor en círculos. El mar



25 de agosto de 2015



Cosas normales. La Luna crece, empieza la Liga —empatamos a cero en el Molinón. Cojonudo, Floren—, tomo whiskies, me baño en el océano… Voy y vengo del pueblo por motivos… Corro en León y mi salmo responsorial es la superficie. No hay nada más en esta cucaña a la que me encaramo cada vez con más apuros —hoy he de apelar a toda mi voluntad para hacer veinte escuetos minutos—: sólo la efigie. Trato de encontrar —sin conseguirlo— una cita de Keith Richards. Venía a explicar que uno podía tener las asaduras hechas puré de morcilla por la heroína, pero con un buen bronceado todo el mundo te iba a decir que tenías un aspecto espléndido. Eso. El aspecto.

El que trabaja las tierras de uno de mis vecinos —en el pueblo, aparte de mi lejano Gatsby que se llama Tarsicio, los vecinos no son personas: son tierras de labranza— viene a poner el riego en la tierra de al lado. Los Pajaritos, como llaman al fino y vertical dispositivo de aluminio que, conectado al canal de Payuelos en su fase I escupe en alto agua a los cultivos. Muy bonito de ver. Es… refrescante —Dios me perdone—. Coincido, como digo con él en la cancela y le invito a pasar y tomar una cerveza. Yo no tomo nada. Antes de entrar me alaba el coche —ahora tengo un coche tremendo— y, ya dentro de la finca, en el portalón donde dejo unas bisagras que acabo de comprar para intentar hacer una estantería charlamos un rato sobre sus maíces —los usa para dar de comer al ganado—, sobre que no se me ve en el bar del pueblo y sobre lo curiosa que tengo la hierba y los setos. Bien. El hombre saca pues tres conclusiones erróneas:


Sobre el coche: que soy rico y próspero.


Sobre el césped y las bisagras: que soy hábil y trabajador.


Sobre la cerveza y el bar: que no bebo.



Moraleja: todas las apariencias inducen al error. Pero no tenemos más referencia, así que vivimos perpetuamente equivocados.


Por supuesto, después de enredar hora y media y sudar en vano, no consigo hacer nada con las putas bisagras, que guardo en una habitación de herramientas junto a otros muchos dormidos utensilios que me han olvidado hace tiempo.





viernes, 14 de agosto de 2015

La obligada compañía del corredor en círculos. Mi vida en el mundo de los objetos



13 de agosto de 2015



Vuelvo a León y, después de dos meses y medio, corro lo mismo que la última vez: veinticinco minutos a paso de montura. Lo que me pasma: creí que me desplomaría cerca del portal de mi domicilio. Setenta y tres jornadas tonta y gratuitamente atroces, lo que atribuyo a la brutal transición de pasar a exponerme al brillo diurno y al aire libre veinticinco minutos al día —con suerte— a once horas ininterrumpidas. Estas semanas, que lleno desembozando, repintando, reparando, retirando, rasurando, roturando, arrancando, amontonando y blasfemando a una temperatura media de veinticinco grados, me provocan serias alucinaciones. Estoy hablando de mi enjabelgado sepulcro, de mi cárcel horizontal, de mi achabolada metáfora: la finca del pueblo, naturalmente. Al igual que mi propio cuerpo, este íngrato ámbito exige constantes cuidados, imperceptibles al ojo humano. Por lo menos al mío. Si mimo uno, descuido el otro. Y, sobre todo, abandono MI OBRA ya que sólo escribo sin propósito —y sin cobrar— cuando salgo a correr. Así que no hay RELATO DE VERANO.

Todos los relatos de verano  —antes los periódicos incluían relatos de verano. Ahora no sé— vestían el mismo esquema. Debía ser obligatorio. Este:

1) Descripción minuciosa de algún recuerdo de infancia —playero fluvial o montañoso— con mucha reverberación sofocada llena de sinestésicas sensaciones táctiles, auditivas y visuales de un niño —que imagino con enormes orejas— asistiendo a alguna

2) Humillación sexual o intelectiva en localización estival: pajar, granero, tómbola, caballitos, cala, ría, embarcadero o apartamento en multipropiedad que conduce ineluctablemente al

3) Sacrificio arbitrario de algún bicho: es abandonado el perro de la familia, se atropella al periquito, una tortuga es volteada, se tortura a un urogallo o lo que sea: pero tiene que quedar muy claro que, después de este feroz episodio, el mocoso ha quedado impregnado por entero —y ya para siempre— en crueldad y egoísmo hasta las —desaforadas— orejas.

FIN


De todas formas, creo que la culpa de estas achicharradas literaturas —por llamarlas de algún modo— es de El extranjero y la errónea digestión —por estos autores— de sus playas, cisternas y deslumbradas calorinas. Por no hablar de Rulfo, el realismo mágico, —cocido en siestas a treinta y tres grados a la sombra— o de la iluminación inferida a esclarecidas cabezas anglosajonas por volcanes, sáharas o cualquier masa de agua o canto rodado bajo el desnudo sol de otra latitud.

Puedo colmar la expectativa de verbosas y anacrónicas desdichas narrando cómo me hago extraer una muela, harto de su extravagante comportamiento. Razón esta por la que troto en la capital en vez de seguir con mis silvestres, deshidratantes y despellejadas, aunque inmóviles, aventuras en el agro. De verdad. Hace dos días. Una buena, además: un segundo molar. Vale más un diente que un diamante, decía Cervantes. Y un implante más que ambas piedras. Consulten tarifas.


Por si alguien dudaba todavía acerca de si la luz es una onda y una partícula.





Otra quemada instantánea de Villa Modorra. Hacía tiempo que no ponía santos.
Foto: Eva Díez Robles.








lunes, 1 de junio de 2015

La obligada compañía del corredor en círculos. Leviatán



1 de junio de 2015







Yo conozco tus obras: que no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.

Porque tú dices: soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. 



Apocalipsis 3:15-16-17





Hala. Dos días seguidos dando tumbos. Sobrecompensando fuerte. Estoy de muy mal humor —y en una bajísima forma; supongo que ambos estados se influyen entre sí—. Quizá sean los resultados de las elecciones municipales y autonómicas: ligerísima inclinación hacia otras formaciones distintas a las —negligentes y codiciosas— de toda la vida. Nos piden los dientes para masticarnos las cosas y los usan para mordernos. Pero la gente no parece darse cuenta. Sigue habiendo un treinta y pico por ciento de abstención. No formo parte de jurados, no doy clase, no doy consejos. Porque no me gusta que cometan jurados, clases o consejos contra mí. Aunque quizá me vendría bien. Aunque quizá me haga falta. Aunque quizá lo esté pidiendo. Quizá no. Debería dejar de mirarme el ombligo —o de tratar de que esté más más para adentro—. Igual me hago estas teatrales preguntas porque a veces me siento un hombre encerrado en el cuerpo de… un señor.







La obligada compañia del corredor en círculos. Running on empty



31 de mayo de 2015



Siempre me resultó sugerente este título. Cualquier traducción de running on empty resulta, de forma inevitable, mermada. En primer lugar es una frase hecha; y su único mérito es el literal: corriendo en —o con el depósito— vacío. El ‘no me queda más’ o ‘lo he dado todo’ es tontorrón. Running on empty. Mejor.

Debería haber salido a dar brincos hace quince días —un hombre no corre con sus muñecas—, pero dilato la bobada hasta hoy, domingo, en el que me sorprendo diciendo a un conocido que corre por los niños con cáncer —solicitándome una colaboración— que los niños con cáncer deberían darme dinero a mí. Sin solución de continuidad, a otra persona que me pide que evalúe o pondere unas preguntas que ha redactado su hija para un trabajo universitario… prácticamente le recomiendo que la dedique a la prostitución.

Salgo, como digo, a las nueve de la noche, con luna llena, veintipico grados de temperatura y luz diurna, a correr. Y corro poco y mal. De hecho me vuelvo a tropezar —esta vez con el pie izquierdo— en una piedra similar cerca de donde me di la hostia hace un mes y medio. Pero no me caigo. No me da la gana. Luego, en la curva maléfica donde todo confluye, me descubro riendo a carcajadas pensando que todo —todo— lo que veo y vivo desaparecerá. Y que así debe ser. Ignoro de dónde procede este satánico dramatismo que me posee de vez en cuando. Debe ser el calor.









jueves, 7 de mayo de 2015

La obligada compañía del corredor en círculos. El hombre con rayos equis en todas partes



4 de mayo de 2015


Sigo sin correr ni hacer nada. Echo de menos hasta pasar la aspiradora. Ya no llevo cabestrillo, sino venda compresiva. Es tan compresiva que me deja acostarme con otras vendas sin enfadarse. Jaimitesco chiste que coloco para redimirme y prevenir ulteriores ataques poético-cretinos.



La obligada compañía del corredor en círculos. Si te dicen que caí



21 de abril de 2015




Accedo al río de la manera más inverosímil —¡Por el McDonald’s!— Me yergo al lado del pretil de piedra que domina el río antes del Puente de los Leones. Con la cabeza desnuda, una cerveza, el brazo derecho en cabestrillo y una americana de paño veo pasar a los torpes corredores a los que que envidio y me invade una sensación de… estupidez. Estos complementos, atardeceres y atalayas, junto con la indigestión de cine y
—mala— literatura me podría convertir en… no quiero pensarlo. Debo volver a dar brincos cuanto antes.